Hay ciertos temas que son difíciles de tratar con tu pareja, y peor, contigo misma. Es que existen reacciones en nuestro femenino ser que parecen no tener explicación racional y más encima los pasteles quieren que les digas qué cresta te pasa siendo que no es más que una serie de sensaciones que se solapan mutuamente: lata, pena, rabia, celos, incomodidad generalizada, etc.

Me acuerdo cuando me enojé mucho con un ex porque me fui a quedar a su casa y al otro día debía estar a las 8.30 en la U. Él me prometió llevarme desayuno a la cama, finalmente el despertador sonó, esperé pacientemente y el susodicho seguía acostado a mi lado mientras yo reiterativa y pacientemente insistía “tengo que levantarme”. Finalmente tomé desayuno en la mesa, claro él me lo sirvió, pero tuve que pedírselo. Lo curioso, ahora que analizo el caso, es que enojarme por eso es enfermo de barza, pero me enojé mucho ¿por qué? Aún no entiendo muy bien, no sé si me dio lata tener que decirle, que no hiciera lo que me dijo, su actitud pasiva en la cama o simplemente que las cosas no salían como una las tenía pensadas. He aquí el error garrafal.

Y es que a veces solemos pensar mucho en lo que va a pasar, nos ponemos ropa muy bella –pero incómoda- para que ÉL llegue atrasado, nos esmeramos en preparar algo rico para que ÉL no omita comentario al respecto, tratas de verte lo mejor que puedes en la intimidad para qué ÉL diga que le encanta el rollito que detestas. Sin embargo, a veces ni siquiera tenemos situaciones idealizadas y pasan cosas inesperadas que nos molestan porque echan a perder una posible situación que pude idealizar más adelante (nótese lo tonto de esto). Otras veces no has pensado ni siquiera en idealizar algo, pero ÉL tiene que hacer algo que te molesta… sepa Moya porqué te molesta, la weá es que te molesta: algo relacionado con su mamita, algo relacionado con la ex, algo relacionado con el/la amig@ que te cae mal, y un sinfín de cosas que son mucho más justificadas que estar contigo; y entonces no sabes qué hacer, qué decir, cómo comportarte y cómo evitar mostrarte enojada o molesta para no parecer una bruja y porque sabes… sabes muy bien que no tienes argumento alguno como para justificar tu estado de ánimo: al final, lo que pasa te da una lata infinita y te sientes muy tonta porque ese tipo de cosas te afectan.

Además, estas cosas no son sólo aplicables en el ámbito de las relaciones de pareja, a veces nos pasa con nosotras mismas, que hay días en que la “lata” se apodera de nuestro ser y detestamos andar así y nos detestamos a nosotras y nos encontramos tontas y no lo podemos evitar: más encima justo esos días estamos menos atractivas, menos inteligentes, menos despiertas… en fin: más aweonás.


Xime.-


P.S.: esta es la entrada de mina más mamona que he escrito, prometo la próxima poner algo más entrete, pero es que en estos momentos mi chico debió salir inesperadamente y puta, me dio lata la weá.