Recordé una de las experiencias más locas de mi vida… cumplía los 17 o 18 (mi memoria es a veces como el hoyo) y en ese entonces era yo muy carretera y reventá. Llevaba celebrando varios días mi cumpleaños. Esta vez, el carrete terminaba en una despedida de soltera acá en Santiago, despedida a la que llegué por mi mejor amiga de ese entonces, Naty (era una prima de ella la que se casaba). La cosa es que llegamos y había muchas mujeres en la casa, sólo mujeres, el vedetto creo que temió de nosotras y nunca llegó.


La casa estaba completamente adornada: eran increíbles todas las representaciones que tenía el falo, ese living estaba lleno de picos en todas sus formas y tamaños. Gorros de penes, vasos, servilletas y todo el cotillero aludía al miembro. Había muuucho copete, el más pulento era un jarro de pene con pisco, wisky, cerveza, ron, y cuanto trago te puedas imaginar, era obligación empinártelo y decir una especie de palabras mágicas para que te fuera bien con “ellos”.


Y parece que viendo tanto pico, y con algo de alcohol, las mujeres nos calentamos, y cómo no había más que mujeres, empezamos a desquitarnos entre nosotras. Tomando y bailando se creó un “callejón oscuro”, una especie de túnel típico de los bailes por donde las parejas pasan, lo particular estaba en que pasando por el túnel venían los agarrones, oh, sí, los agarrones, pechugas y poto eran el blanco. Y era la cagá, era lo más chistoso del mundo, si estábamos tan wailas que daba lo mismo quien nos agarrara, la cuestión era tocarse. Después de eso vinieron los bailes más locos, una mina hacía de vedetto, a falta del antes mencionado y bailaba a todas muuuy sensualmente.


Es que las cagó, era todo muuuy loco… me acuerdo que cuando el baile del callejón estaba en su clímax fui al baño (tenía muucho alcohol por botar), cuando volví, mi otra compañera de carrete, la Vero ya estaba pasando por el túnel y dejó la cagá, (es que la vero era muuy sexy). Y estaba también la mujer “alfa” que la llevaba, ella tenía toda la iniciativa y las ideas locas. Finalmente el carrete anterior me pasó la cuenta y me encontré durmiendo en una cama la mañana siguiente, en el segundo piso, cómo llegué allá es una de las tantas incógnitas que aún no puedo responderme.



Pau.-