Contaré entonces el origen de tal denominación, creada por Xime, luego de escuchar mi relato.

Partamos desde el principio…
Estábamos invitados a un matrimonio, sábado en la noche, fue un día muuy largo. Tuve 15 minutos para prepararme, vestirme y maquillarme.

Llega mi pololo, con su terno enfundado, se cambia y me llama, yo no puedo ir, pero va mi mamá, le pregunta ¿Qué corbata me queda mejor? Ella dice la azul, entro a mi pieza, miro y escojo la gris. Discutimos con mi mamá, pero una mirada de odio hace que este pololo se ponga la corbata gris.

¿Qué encerraba esa mirada? Mando y satisfacción, porque en mi casa YO mando a mi pololo y no mi madre, por lo tanto, escojo que corbata se pone, cómo se peina y qué come. ¡En mi casa mando yo!

Pero… si el matrimonio fuera de la familia Jorquera, ¿quién habría escogido la corbata? La señora matriarca, mi “suegra”, porque en casa ajena no puedo mandar a mi pololo, su madre lo manda. Esto muestra que el territorio es determinante. Y soy sincera, me gusta mandar, me gusta decidir yo y no la otra mujer, “la suegra”.

¿Será entonces que mi amado no manda? ¿o yo mando mucho? Yo creo que es como un acuerdo tácito. Me gusta, me encanta mandar y me carga equivocarme, sí, soy como el hoyo. Y además me carga la idea de que otra mujer mande a mi pololo.

Y él aguanta, cede. Estrategias, miradas, coartadas, todo para que él haga lo que yo quiera. Por que así soy, una manipuladora, que dice que hace calor cuando en realidad quiere que le traigan jugo; “estoy tan cansada” cuando quiero que me hagan once y un montón de situaciones creadas para que pase lo que quiero.

Mi amor: cada vez que te digo “decide tú” deseo secretamente que te equivoques, porque te amo, y amo también dominar la situación.


por Pauli.-